La impartición de vida es más maravillosa que la redención
LA IMPARTICION DE VIDA ES MAS MARAVILLOSA QUE LA REDENCIÓN
~~~~~ Versículos de la Biblia ~~~~~
Juan 12:24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
Romanos 5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos en Su vida.
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~~~~~ Palabras del ministerio ~~~~~
El aspecto de la muerte del Señor que imparte vida es aún más maravilloso que el aspecto redentor. La redención es excelente y maravillosa, y parece que nada puede superarla, pero el hecho de impartir vida excede a la redención. Supongamos que un pecador viene al Señor y cree que Él es el Cordero de Dios que murió en la cruz y derramó Su sangre por sus pecados. Cree también que la sangre incluso forma un manantial en el que él puede ser limpiado. Aunque ha sido lavado, él todavía está muerto, como un cadáver que se halla en la funeraria. Él es un muerto limpio, porque es una persona muerta que ha sido lavada por la sangre. En esto podemos ver que no es suficiente ser lavados por la sangre, sino que debemos también ser vivificados.VER MAS
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Si somos redimidos pero no nacemos de nuevo, permaneceremos en una condición pobre. El propósito de Dios consiste en que la vida sea impartida después que se efectúe la redención. Tal es la finalidad de la redención, es decir, la redención cumple todo lo necesario para que nosotros podamos recibir la vida divina. El agua debe venir después de la sangre. Ya vimos que la sangre representa el aspecto redentor de la muerte de Cristo y que el agua representa el aspecto que imparte vida. La sangre redime y forma una fuente en la que podemos ser lavados, y el agua regenera y forma un manantial de agua viva de la que podemos beber en cualquier momento. Exteriormente estamos lavados e interiormente estamos llenos de esta vida divina. Ahora todos estamos limpios y, además, tenemos vida; por lo cual todos podemos clamar: “¡Aleluya, he sido redimido y he nacido de nuevo!”.
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